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Los Sabores de Nuestros Vecinos: En Don Quijote, Lo Importante Es Sentirse En Casa

Nota Editorial: Casi el 10 por ciento de los restaurantes en el país han cerrado debido a la pandemia. Los desafíos han sido variados desde cierres durante la pasada primavera, capacidad limitada dentro de los negocios hasta adaptarse a las modalidades de pedidos de domicilio. 

Los dueños de restaurantes en New Hampshire encontraron maneras para innovar y adaptarse a la nueva realidad creada por la pandemia, no solo por su sustento económico, sino por lo que sus negocios significan para la comunidad. 

Entre estos, están los restaurantes latinos, locales que proveen una conexión a casa para muchos, por la comida y por las relaciones con el equipo. En este proyecto queremos resaltar a propietarios Latinos que han sobrevivido la  pandemia y cuyos locales continúan siendo lugares esenciales para miembros de la comunidad. Como va creciendo la comunidad latina en New Hampshire, presentaremos algunos restaurantes latinos, los platos que van cambiando el panorama gastronómico del estado y la dedicación detrás de estos. 

En esta serie, "Los Sabores de Nuestros Vecinos,” visitaremos a Don Quijote, que por 20 años ha traído los sabores del Caribe a Manchester, y a Casa Blanca, un restaurante Colombiano en Nashua que ha seguido con los platos tradicionales por cuatro generaciones y más. 

Este proyecto se desarrolló dentro de una colaboración de líderes de la comunidad latina en New Hampshire y medios de comunicación del Granite State News Collaborative. Este grupo se ha reunido cada dos semanas por un año, trabajando juntos para encontrar nuevas maneras de co-producir, comunicar y aprender el uno del otro. Estas historias, audio y video para el proyecto fueron reportadas y producidas por Daniela Allee de NHPR; y Jasmine Torres Allen, Oscar Villacis, Kevin Genao, y Esmeldy Angeles de First Gen Multimedia

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Credit Gabriela Lozada / NHPR
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Sandra Almonte, propietaria de Don Quijote, prepara un mofongo usando un pilón.

 Lea nuestra primera historia: 

Cuando uno entra a la cocina de Don Quijote en Manchester, se escucha salsa, el aceite que hierve y la picada de cebolla, pimientos y cilantro en una tabla de madera. La cocina se invade  de un olor a carne guisada que cuece en ollas gigantes a fuego lento. 

Los plátanos verdes ya están cortados del  mismo tamaño, remojados en agua por si acaso un cliente pide uno de los platos principales de Don Quijote: el mofongo. 

Este es un plato popular en la República Dominicana que combina plátano frito, ajo, mantequilla, chicharrón a veces camarón, y se puede acompañar con pernil. 

Una de las cocineras del restaurante combina los ingredientes -- menos el pernil --  en una especie de mortero de madera, lo que en República Dominicana se conoce como un pilón. 

“Lo más importante de este mofongo y de esta cocina es que todo se hace con amor”, dice. 

Este ha sido el espíritu de Don Quijote desde que abrió sus puertas en Manchester en el 2000. Desde entonces, Sandra Almonte, la propietaria, ha lidiado con desafíos en los últimos 20 años, incluyendo esta pandemia, pero también se ha enfocado en ayudar a su comunidad dentro y fuera de su restaurante. 

"Que se sienta como usted llegó a la isla. Si es de Puerto Rico, que se siente que está en Puerto Rico. Si es de Santo Domingo, está en Santo Domingo. Si es Colombiano que tenga su sancochito, un poquito diferente al de nosotros pero, si se asimila."

“Cada persona que entra por aquí hay que hacerlo sentir como si estuviera entrando a la casa de sus abuelos”, dice. 

Ella y su ex-esposo abrieron Don Quijote después de mudarse de New Jersey, y ella lleva 10 años al frente del negocio. La experiencia que ella busca brindarle a la gente es más que comida sabrosa a un buen precio. 

“Que también se sienta como usted llegó a la isla. Si es de Puerto Rico, que se siente que está en Puerto Rico. Si es de Santo Domingo, está en Santo Domingo. Si es Colombiano que tenga su sancochito, un poquito diferente al de nosotros pero, si se asimila,” dice. 

Se nota ese ambiente en la comida que uno puede ordenar en el restaurante. Don Quijote sí tiene lo usual para un almuerzo típico: carne o pollo guisado, arroz con frijoles, y chicharrones. Pero, si uno ordena un plato como pescado con arroz, este se hace cuando se ordena. 

“Se le va a tomar unos 30, 45 minutos. Entonces no puede venir en un rush, no puede venir y pensar que va entrar como McDonald’s, entraste, compraste y te fuiste”, Almonte dice.  

Hay gente que viene de todas partes para comer aquí, desde Boston hasta de Colebrook, donde vive una familia que viaja tres horas hasta acá para comprar a veces comida para la semana entera. 

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Credit Gabriela Lozada / NHPR
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Un plato de mofongo.

Don Quijote fue uno de los pocos negocios Latinos en New Hampshire. Cuando abrieron en el 2000, la población latina en el estado era pequeña, apenas el 1.6 por ciento. 

Cuando llegaron, empezaron con un sazón muy dominicano, donde predominaba bastante el orégano y cítricos como la naranja o limón. 

Almonte siempre escribía los comentarios de sus clientes para mejorar sus platos. Esa práctica le sirvió mientras la comunidad latina en Manchester -- y su paladar -- iban cambiando.  

Ella recuerda una anécdota en particular: En el 2004, hubo muchos inmigrantes de Honduras que llegaron y visitaron su restaurante. 

“Nos decían ‘Ay Sandrita, la comida está muy rica, pero si le baja un poquito al ajo y al orégano.’  Entonces así fuimos modificando hasta llegar al punto, y creo que eso se demoró como dos o tres años más”, dice Almonte. 

Ahora, el sazón de Don Quijote refleja cómo la comunidad latina ha cambiado y evolucionado en New Hampshire. Tiene un poquito de todo: cilantro, apio, pimientos, orégano fresco de la República Dominicana, cilantro, entre otros ingredientes.

“Cada persona que entra por aquí hay que hacerlo sentir como si estuviera entrando a la casa de sus abuelos.”

Esa dedicación que le pone Almonte a su comida es lo que ha construido esa lealtad con sus clientes, lo cual le ha servido en este año de pandemia, que ha sido tan difícil. Casi un 10 por ciento de restaurantes cerraron permanentemente. 

“Gracias a Dios, no a mi no me afectó. Ha sido una bendición”, Almonte dice, especialmente gracias al servicio a domicilio. 

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Credit Gabriela Lozada / NHPR
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Sandra Almonte dice que, desde que empezo con Don Quijote, apunta los comentarios de sus clientes para mejorar sus platos.

Ella cuenta que se les triplicó el pedido a domicilio y por esto, Almonte contrató a dos empleados nuevos para seguir el paso de las ventas y por primera vez usó la plataformas de delivery como UberEats y DoorDash.

La lealtad de sus clientes no solo es por la comida sino por el trato que Almonte y su equipo le dan a los clientes más allá del restaurante. 

“Me ha gustado siempre ayudar al prójimo y siempre digo que si a un latino le va bien, brillamos todos. No solo brilla uno, sino que brillamos todos”, dice Almonte.   

Por los años que ella tiene en el centro de Manchester con su restaurante, Almonte ve los problemas que la comunidad latina está afrontando. 

“Son tantas cosas”, dice con un suspiro.

“Los absentee landlords, que solo recogen renta, que no le arreglan los apartamentos a las personas. Que toman ventaja de los inmigrantes porque saben que no van a ir a una corte a exigir sus derechos”. 

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Credit Gabriela Lozada / NHPR
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Don Quijote ha sido parte de la comunidad latina desde el 2000.

Almonte tiene una visión para que los latinos y este vecindario no estén apartados del resto de la ciudad: que haya más propietarios latinos, veredas para bicicletas y un ambiente seguro. 

“Creo que nuestra gente tenemos que unirnos, y darnos importancia, que todos podemos, y si mejoramos todos la calidad de vida no solo va ser mejor para el middle class, sino para todos”, agregó,   

Ella trabaja, en su restaurante y en diferentes organizaciones, como NeighborWorks o el Conservation Law Foundation, para que su comunidad se pueda sentir bienvenida, no solo en Don Quijote, sino en todo Manchester.

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