A Tania Villanueva no le gustaba la pastelería antes de la pandemia. Pero durante esos momentos en casa, ella empezó a explorar y una de las recetas se quedó con ella: el alfajor peruano.
“Las personas lo describen como una galleta de azúcar, pero son dos de estas. Y en el centro, está relleno de dulce de leche”, dijo en inglés. “Muchos dirían que su textura es como la del caramelo”.
Ella dijo que la receta original fue sacada de Internet, pero la ha perfeccionado una y otra vez que ahora la tiene memorizada.
Ahora Tania tiene su propio negocio de repostería casera, Ñawi sweets, y vende alfajores desde su hogar en Windham. Ella explicó que “ñawi” es la palabra Quechua para referirse a los “ojos”, el cual fue su apodo de niña.
“Me enorgullece saber que puedo de alguna manera mostrar un poco de donde soy a otros, incluso si son de Perú, porque creo que todos tienen un sabor para las cosas”.
La pastelería no es su único trabajo: Tania trabaja a tiempo completo, otro trabajo a medio tiempo y tiene un hijo pequeño. A pesar de la larga jornada, ella dice que espera que su arduo trabajo le enseñe a su hijo a soñar en grande.
“Tengo que hacerlo”, dijo. “Para asegurarme de que cuando crezca, él pueda alcanzar sus propios sueños, sus propias metas. Y que él diga, ‘oh, mi mamá persiguió esto, mi papá lo otro’. Y él sepa que puede perseguir lo que él quiera”.